El femicidio que abrió los ojos de la sociedad correntina

Por Heliana Guirado

Periodista y comunicadora social

Eli Verón tenía 38 años cuando el 14 de mayo de 2013 fue brutalmente golpeada por su pareja, Adrián Sosa García, en el interior del departamento donde vivían. Aunque logró escapar y caminar dos cuadras, cayó en una esquina y fue llevada de urgencia al Hospital Escuela de la ciudad de Corrientes, donde murió 50 días después.

Tras una larga lucha de su familia por instalar el caso y lograr que se haga justicia, el femicida de Eli fue condenado a cadena perpetua y este caso representa un antes y un después en la legislación sobre violencia de género, por convertirse en el primero caratulado como femicidio en la capital de la provincia. Además hoy existe un refugio para víctimas de violencia que lleva su nombre.

Tuve la oportunidad y el honor de hablar con su hermana, Rita Verón, cuando aún no se conocía la sentencia de Sosa García y su relato sacó a la luz los distintos tipos de violencia que se ejercen sobre las mujeres y que conforman ese caldo de cultivo que finalmente termina en un femicidio. A esas violencias se le suman las luchas que como familia tuvieron que librar con la policía y las instituciones, que continuaron violentando.

Rita nunca estuvo frente a frente con la pareja de su hermana, pero las pocas conversaciones que tuvieron por teléfono sirvieron para que ella se diera cuenta de que algo no estaba bien. Celos, control, historias inventadas: eso veía Rita en él. Y varias veces se lo dijo a Eli, pero para las mujeres que sufren violencia de género es difícil terminar con el vínculo, porque justamente el llamado ciclo de la violencia, con sus tres fases (acumulación de tensión, episodio agudo y calma), se reproduce constantemente, haciendo que sea muy difícil descreer los pedidos de perdón y el arrepentimiento.

Y como la violencia no disminuye, sino que por el contrario, crece y crece a medida que pasa el tiempo, el caso de Eli muestra de plano que los agresores nunca dejan de serlo.

Así, un 14 de mayo Adrián Sosa García cumplió lo que había anticipado muchas veces: golpeó a su pareja, durante varias horas. Cuando ella logró escapar, se desvaneció en la calle. La encontraron y fue llevada de urgencia al hospital. Antes de esto, alcanzó a llamar a una de sus hermanas para decirle que la quería y que cuide mucho a su hija.

“Lo más increíble de todo es que Adrián estuvo sentado abajo de su edificio fumando, y vio cuando la ambulancia la levantó, porque ella estaba a dos cuadras de su departamento. Él vio todo eso y no hizo nada. Si no hubiese sido por los hombres que la encontraron, se moría en ese mismo momento”, me cuenta Rita.

Durante el tiempo de internación, Eli nunca estuvo consciente: “Le tuvieron que hacer una traqueotomía, porque no podía respirar por sí misma. Estuvo 50 días internada y nunca mostró evoluciones. Si vivía, algo que era casi imposible, iba a tener sólo el 10% de su cuerpo funcionando. No iba a poder caminar, hablar, ni ver”.

Este hecho significó en la familia un dolor profundo, pero a la vez marcó el inicio de la lucha por instalar el tema en la sociedad y buscar justicia.

Así, después de recurrir a los medios de comunicación y gracias al acompañamiento de mujeres feministas, el tema nunca dejó de estar en boca de todo un país.

“Eli murió un 8, y el 9 ya estábamos en la calle con los ojos hinchados y el corazón roto, a gritar lo que pasó. Golpear puertas, y salir a la calle es el único camino para conseguir que se haga justicia.

No queremos plata, no queremos beneficios, queremos justicia. A mi hermana nunca más la vamos a ver, y eso no tiene precio, es irreparable”, afirmaba Rita.

Finalmente, unos días después de ese relato, Adrián Sosa García fue condenado a cadena perpetua por el femicidio de Eli Verón.

Esa mañana, le pregunté a Rita cómo se imaginaba una vez que terminara el juicio. Su respuesta fue: “Luchando, porque ya pertenezco a esta causa”. Y así fue: hoy tiene la bandera puesta y acompaña a muchas mujeres y familias que esperan la misma justicia que ella pudo conseguir.

Aunque si pensamos en términos reales, la justicia es tan buena como insuficiente. Porque la realidad es que este mundo es muy cruel con las mujeres. Porque nos violan, nos matan, nos discriminan. Estamos en peligro en nuestros lugares de trabajo, en las calles y en nuestras propias casas.

La verdadera justicia llegará entonces no cuando un femicida reciba cadena perpetua, sino cuando ni una sola mujer más muera a manos de un hombre.

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