Que la furia nos valga

Por Cindy Monzón

Periodista y editora de Inguz Blog

Y que estemos a la altura de la revolución.

Ese es mi deseo para el 2019.

Escribo esta editorial de enero un poco tardía al mismo tiempo en que se conoce la noticia del femicidio de Agustina Imvinkelried, la chica de 17 años asesinada en Esperanza, Santa Fe, al salir de un boliche. En paralelo me llegan muchos mensajes en simultaneo: “una muerta más”, “¿hasta cuándo?”, “nos siguen matando”, “una piba menos”. La furia brota.

Pienso, también, en el diciembre agitado que pasamos cuando el colectivo Actrices Argentinas acompañó la denuncia por violación de Juan Darthés a Thelma Fardin y el tema caló en lugares insospechados. Como un efecto dominó los testimonios de miles de mujeres argentinas comenzaron a surgir. En la mesa familiar, en la oficina, en las charlas con amigos y hasta en el programa más visto de la televisión: ahí se paró la modelo María del Cerro, impulsada por su responsabilidad como comunicadora, y habló sobre un abuso que sufrió a los 11 años y nunca lo pudo contar.

En mi espacio personal vi como dos amigas se animaron a hacer público situaciones de acoso laboral y una violación por parte de su ex pareja. Incluso yo me animé a contar el manoseo por parte de un profesor. A una le dije que la amaba, me indignaba y lloraba con ella. A la otra que acá estoy, lista para romper todo porque el tiempo de los jefes macho se terminó.

Aunque suene frívolo hay algo bueno en todo esto: ya no tenemos miedo de hablar. Abandonamos para siempre el lugar de la sumisión y la culpa con las que fuimos criadas y estamos más fuertes y unidas que nunca. Spoiler alert: todo esto es el patriarcado cayéndose.

Seguirán dudando de nuestros testimonios, seguirán preguntándonos “¿ahora todas sufrieron abuso?”, seguirán diciéndonos feminazis o tratándonos de intolerantes pero ningún intento machista para deslegitimar la lucha podrá ocultar que el feminismo es la revolución más importante del último siglo y, muy alejada del mote Nazi que intentan imponernos, es el movimiento que menos sangre derramó a lo largo de la historia.

Iba a escribir esta editorial sobre lo lindo que es leer a orillas del mar pero una voz interna no me lo permitió. ¿Cómo iba a escribir sobre algo tan mundano cuando las argentinas estamos transitando una lucha de la que hablarán las próximas generaciones?

Tenemos las herramientas, tenemos el apoyo, tenemos las palabras, nos tenemos. No nos callemos más. Desde nuestro lugar, con toda la furia, no nos callemos más.

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