Meredith y Derek no son el amor

Por Cindy Monzón

Periodista y editora de Inguz Blog

Mi amiga me dijo que los seres humanos vivimos duelos constantes. Una relación que se terminó, una muerte, una mudanza o un plato que se rompió. El único secreto es saber cómo convivir con ellos, negociar hasta donde te pueden afectar y saber que a la salida de un duelo te espera otro.

En un lapso de tres años yo terminé una relación amorosa importante, una carrera, vi morir a una amiga, a mi perra de toda la vida y a mi abuela. Me volví un duelo constante y, después de un par de manotazos de ahogados fallidos, decidí cerrarme al amor porque sentí que no tenía sentido ni espacio en mi vida. Mi propósito pasaba por otro lado.

Cuando sentía que ningún hombre me podía interpelar, que nada podía ser más interesante que quedarme en mi casa mirando Netflix y comiendo porquerías, me encontré, sin buscarlo, de nuevo en el mercado del amor. Decidí dejarme seducir de nuevo por los hombres, ver que tenían para ofrecerme, hablar, escuchar, conocer. Me gustan los tipos con retórica, los que tienen propósito, los que no elijen pasar por esta vida de manera pragmática.

Por eso digo que el amor se elige. Porque si voy a compartir algo mi vida con alguien, de nuevo, quiero saber con qué combo viene.

“La piel se construye”, me dijo otra amiga cuando le contaba sobre un primer encuentro sexual fallido. Pienso que tiene razón. Pienso que esta nueva etapa en el amor me encuentra, por suerte, selectiva, donde no necesariamente para que haya una historia se necesitan dos. A veces con que una misma pueda advertir que la cosa no funciona y huir a tiempo. Elegir es también no forzar.

Mi serie favorita en el mundo es Grey’s Anatomy y estoy segura que todos los que la vimos suspiramos con una escena emblema donde Meredith, la protagonista, le suplica a Derek, su enamorado que se debatía entre dos mujeres, “So pick me. Choose me. Love me”.

Lamento profundamente no coincidir con Meredith. Querida Mer, eso no es el amor. Si pudiera darte un consejo sería invertir esa ecuación: seamos nosotras las que elegimos, decidimos y, después, solo si queremos, amamos. Meredith y Derek no son el amor.

Todas las veces que nos mintieron, todos los corazones rotos, todas las relaciones fallidas, todo el sufrimiento que vivimos y que no queremos volver a padecer son la fuerza necesaria para poder elegir.

Amamos a Meredith, claro, pero no en todas sus facetas. Amamos a la Meredith plantada que aprendió a dejar atrás a Derek, a la que supo huir de una historia donde sabía que no encajaba porque todavía rondada el recuerdo de otro amor, a la que cuando tuvo ganas aceptó citas, a la que aprendió a elegirse a ella misma por encima de todas las cosas.

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