Sobre fuego, fractales y flores

Por Candela Niesl

Periodista y directora de Inguz Editorial

Roxana se encontraba sentada al lado de una ventana sin sentido ni función junto con una amiga. Ambas charlaban eufóricas y reían mientras ignoraban sus alrededores y disfrutaban de la vibra que el centro cultural de Caballito, 921, les brindaba.

Ella se encontraba allí para presentar su cuento “Dormida”, el cual había sido uno de los veinte ganadores del concurso literario que organizamos junto con un programa de radio marplatense.

Veníamos hablando hacía tiempo debido a que a mí me gustaba la combinación de sus palabras y ella simpatizaba con nuestra misión como editorial. Pero fue en ese centro cultural de barrio, gracias a una celebración literaria, que nos encontramos cara a cara. Y, a pesar de los percances sufridos ese día, Roxana siempre se mantuvo relajada, con una gran sonrisa en su rostro y una energía que transmitía más que la ansiedad por dar a conocer el cuento de la antología “Cicatrices”.

Más tarde, la charla se convertiría en una nueva oportunidad, una propuesta que había surgido a causa de su amor por las letras y nuestras ganas de publicar a una escritora con talento y admiración por la vida. Gracias a un concurso, un evento y que “Horizonte literario” la había seleccionado para ser parte de nuestra nueva antología Roxana será la primera persona en publicar su libro con nosotros este 2019 y, debo admitir, no podríamos haber encontrado a alguien mejor para iniciar nuestro segundo año.

Roxana Da Silveira, mejor conocida como Toti, vive en Pilar. A pesar de que empezó a estudiar diseño de indumentaria en FADU, no terminó la carrera dado que tuvo una crisis existencial. Pero abandonar una carrera no la desmotivó a la hora de buscar su verdadera pasión y, debido a su perseverancia, logró encontrarse con el mundo de las letras. Ve a ese capítulo de su vida como un click, un momento justo que se le presentó para ir en busca de lo que verdaderamente quería hacer: escribir. A sus 26 años ya cuenta con dos menciones de honor en concursos de micro-relatos y cuentos publicados en tres antologías diferentes.

Actualmente, se encuentra releyendo y corrigiendo su primer libro de cuentos cuyo título tiene una palabra sometida a una encuesta en su perfil de Instagram; red social en la que no sólo conocerán más sobre la escritora sino que, también, podrán leer fragmentos de varios escritos suyos.

Cuando se le pregunta sobre la escritura, Roxana hace memoria y viaja en el tiempo para volver a tener 10 años y recitar poesía. Afirma que su primer contacto con las letras (al menos el que recuerda) es un poema escrito para un chico que le gustaba. Durante su crisis, en el 2016, comenzó un blog para “poder expresarme en algún lugar más allá de mis cuadernos”. Y, al pasar el tiempo, Toti le pidió al universo que le diera una señal. ¿Qué hacer? ¿Diseñar o escribir?

“Me anoté en dos concursos literarios, me fui de vacaciones con mis amigas y cuando estaba en Cartagena encontré una taza (la única que había) que decía ‘No temas escribir’. Me pareció una señal. A los dos días de volver me llegó un mail diciendo que había recibido una mención de honor en uno de los concursos. Me pareció clarísimo todo. Eso fue a principios del 2017 y a partir de ese momento empecé a dedicar mi tiempo libre a la literatura”.

Me confiesa que, en algún lugar, siempre supo que quería ser escritora pero fue la vida quien la impulsó y condujo en ese camino al demostrarle que el resto de sus actividades no la llenaban tanto como la pluma y el papel. “Pero si tengo que marcar un momento determinado en el que empecé a enfocarme de una manera más seria, sería a principios del 2017, cuando encontré la taza. Siempre fui muy lectora, desde chiquita, empecé con “Mafalda” y nunca paré. Puedo decir que Sábato fue una inspiración muy grande. Y un poema de Baldomero Fernández Moreno que me reveló la idea de que escribir no siempre era catarsis. Podría sumar a “La Sirenita”. Mi mamá me cuenta que cuando era chiquita y no sabía leer, me aprendí la primera hoja de “La Sirenita” para que la gente pensara que sabía”.

Pero, como bien estableció el escritor Daniel Mallory (mejor conocido como A.J. Finn), la literatura no es algo (únicamente) divertido sino un trabajo. Y es por eso que muchos escritores se juntan en casas, cafés o bares, comparten sus letras y buscan la perfección en cada oración. Es su amor por las letras y, me atrevo a escribir, por encontrar el cuento que deje una marca en la literatura, lo que impulsan a Roxana a los talleres literarios. Tres años después de haber abandonado su carrera como diseñadora, se encuentra en su tercera experiencia de encuentros en donde las palabras, los puntos y las comas y las historias son protagonistas. Escribir no es un camino fácil (ya establecimos que también es un trabajo y no solo la voz de la catarsis humana) y, por ese motivo, Toti busca aprender de otros ejemplos de la literatura.

“Empecé con la escritora Julia García Mansilla en el 2017, a quien adoro y de quien aprendí muchísimo. Y este va a ser mi segundo año con Victoria Mora, una escritora talentosísima pero sobre todo apasionada. ¡Si vieran lo que son sus clases! Una vez le dije que salía de ahí con ganas de leer todos los libros del mundo y escribir millones de hojas. Empecé porque sabía que si de verdad quería dedicarme a esto, tenía que formarme. Fue entonces cuando me acordé de mi profe de la primaria, Analía Salbucci, que a los doce me dijo: ‘vos tenés que ir a un taller literario’. Me llevó otros doce años hacerlo pero fue la mejor decisión de mi vida. Ella vio algo en mí que yo no sabía que existía. Así que arranqué, con el objetivo principal de escribir cuentos, que sentía que era lo que más me costaba.”

Pero ¿verdaderamente son necesarios estos talleres para llegar a ser una gran escritora? Roxana piensa que sí, que lo son. No sólo porque se conoce e interactúa con gente que comparte un mismo amor, una misma pasión sino porque se tienen más herramientas y una aprende a corregirse o dejar que la corrijan mientras también hace de crítica de los textos ajenos. Es una oportunidad para conocer nuevos autores y animarse. “Un taller te cambia la vida literaria. A mí me pasó eso así que los voy a recomendar siempre. Yo espero el día en que me toca ir como si fuera a salir con el chico que me gusta, imaginate. Uno de mis sueños es dar mi propio taller algún día y poder motivar a futuros escritores/as como me motivaron a mí”.

Darse a conocer, ¡bienvenida sea la audiencia!

Si escribir es tarea difícil, compartir lo redactado es mucho peor. Y, a pesar de que todo escritor quiere ser leído, el paso a dar para que otros acepten y le den el mismo valor a nuestro trabajo es… bueno, convengamos que es un desafío presente en una carrera tan apasionante como esta. Pero la protagonista de esta nota no tiene miedo (o, de tenerlo, lo disimula bastante bien) y, como ya mencioné, en su cuenta de Instagram se encuentran fragmentos de sus historias, de ese conjunto de palabras que provocan, en pocas líneas, distintas sensaciones o sentimientos. Además, Roxana cuenta con su propio blog en donde comparte con sus seguidores el relato completo de aquellas imágenes con fondo blanco y palabras negras que se ven en su perfil.

Quienes comienzan a leer a una escritora como ella no creo que puedan parar. No hay hartazgo ni aburrimiento. De lo contrario, nos encontramos con interacciones, encuestas, videos y hasta menciones especiales. Roxana adaptó al mundo literario (más antiguo que muchas revoluciones) al siglo XXI y su afición por las redes sociales.

¿Qué se siente ser admirada por hacer lo que una ama?

“Es muy raro, es una mezcla de sorpresa y de agradecimiento. ¿De verdad están compartiendo algo que escribí yo porque se sienten identificados? Me ponen muy feliz esas cosas. Hace poco una chica se hizo una remera con una de mis frases y yo todavía no entiendo cómo pasó. No sé si mis palabras pueden sanar porque al final del día la cura está en cada uno, pero pueden acompañar. A mí la literatura me acompaña en los mejores y peores momentos de mi vida. Poder acompañar a otras personas en sus vidas haciendo lo que más amo en el mundo me parece una bendición gigante.”

La literatura como religión

A la hora de definir la palabra “literatura”, Roxana la reconoce como una forma de vida. Ella vive y respira las letras. Pero, a pesar de confesar su percepción, no se siente satisfecha y es por eso que cita a su profesora, Victoria Mora, a quien la literatura la atraviesa como una religión.

Pero, ¿cualquiera puede ser un creyente ortodoxo? O, mejor dicho, ¿cualquiera puede escribir?

“Creo que se necesitan un par de características, no todos somos buenos en todo, está claro. Pero tampoco se trata sólo de talento. Cualquiera puede escribir pero no cualquiera puede ser escritor/a. Te puede gustar muchísimo escribir pero si no leés, por ejemplo, la veo difícil. Como también podés tener mucho talento pero si te falta pasión, es complicado. Para mí es una combinación entre pasión, talento y disciplina. Y de los tres, la más importante es la pasión porque te va a llevar a buscar la disciplina y a formarte. Estoy leyendo un libro de Bradbury (“Zen en el arte de escribir”) donde dice que si no disfrutás escribiendo, si no te apasiona, no te entusiasma, entonces sos un escritor a medias. Y coincido, lo principal es amar la literatura.”

Entonces, si amamos y realmente sentimos la vocación por las letras, ¿por qué no animarse? Nunca es tarde y Roxana lo ha demostrado. Empezó con una carrera que de alguna manera ejerce (si no me creen, hagan click en @transformandoropa) y, más importante aún, encontró su pasión, ese amor de toda la vida que no te abandona ni traiciona, esa adoración que la acompañará siempre porque está dentro suyo.

La literatura no es un refugio exclusivo sino un trabajo que, poco a poco, va adentrándose en la vida de las personas que leen a Roxana y las invitan a conocer una parte de ella, una porción de los mundos y las historias que crea gracias al ardor que recorre su cuerpo y se plasma en papel, hojas digitales y fotos de redes sociales.

¿Qué aconseja ella a aquellas personas que todavía no se han animado a seguir este camino o no saben cómo comenzar?

“Que se animen, que prueben géneros, recursos, que no tengan miedo. No teman escribir, (recuerden a mi taza). Eso es lo primero, sacarse el miedo. Que lean mucho, cada vez que puedan. Que sigan y lean a gente que los inspire, que los entusiasme. Y que vayan a un taller literario. A cualquiera, el que les quede cerca y se adapte a sus posibilidades, pero que prueben la experiencia. Después hay tiempo para buscar alguno más específico.”

De eso se trata, de no temer. No hay que esconderse del fracaso porque este, eventualmente, nos encuentra, nos golpea y termina por enseñarnos que hay cosas que deben dejarse atrás aunque duela (porque duele admitírselo a uno mismo sin sentir que se defrauda). Tomemos de ejemplo a personas como Roxana Da Silveira quien, a pesar de caer un una vorágine sobrepasada de crisis, encontró lo que buscaba en una taza y preparó los mejores tés, esos que nos llenan de calor el pecho y nos devuelven las ganas de volver a intentarlo.

Creo, entonces, que les he dado más de un motivo por el cual deben leerla. Lean a Roxana porque detrás de aquella alegría aparentemente infinita se encuentra una mujer fuerte que lucha por lo que ama y lo que cree. Más que nada, profesa una religión de la que todos pueden ser parte si tan solo se animan a empuñar la pluma o abrir un libro.

Lecturas sugeridas por una escritora amante del fuego, los fractales y las flores

Para acompañar los días tristes: les voy a dejar mi poema preferido, el primero que me enseñó que a los sentimientos hay que atravesarlos.

“Tira la pluma y déjalo.

Otro día dirás esto que sufres. Haz un esfuerzo.

Vive,

y espera que tu dolor se haga melancolía.

Esta noche se llora y no se escribe.”

-Baldomero Fernández Moreno

Y “La ridícula idea de no volver a verte” de Rosa Montero.

Para llamar a la alegría: “Defender la alegría, un poema de Benedetti.

Para enfrentar o abrazar la soledad: “Comer, rezar, amar” de Elizabeth Gilbert. Toda la parte de la India sobre todo.

Para curar(se) un corazón roto: “Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida” un libro escrito por Amalia Andrade.

Para que la esperanza no te abandone: Un libro que siempre me transmitió esperanza y por eso lo he leído en mis peores momentos es “Antes del fin” de Sábato. Tal vez no a todos les pase porque es bastante trágico, muy a lo Sábato. Pero por alguna razón, cada vez que lo terminé (porque lo leí quinientas veces) me sentí mejor que antes.

Para que el enojo cobre vida: Poema 21 de Oliverio Girondo.

“Que cuando quieras decir mi amor, digas pescado frito” (mi parte preferida).

Para que las ganas de escribir aparezcan o nunca te abandonen: “Mientras escribo” de Stephen King, “La loca de la casa” de Rosa Montero. Amo los libros sobre la escritura, tengo como diez libros en lista de espera. Actualmente estoy leyendo Así se escribe un cuento” de Mempo Giardinelli, un escritor que también me gusta mucho y “Zen en el arte de escribir” de Bradbury que ya casi lo termino.

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